“No hacer nada” es sano

“No hacer nada” es sano

11 agosto 2018

He leído esta editorial y me ha parecido muy interesante para compartir en cualquier ámbito…
“No hacer nada” es sano.

Estamos imbuidos en la sociedad de la hiperactividad: tenemos que ver más enfermos, publicar en revistas de impacto, participar en proyectos de investigación para mejorar el currículum, llevar comunicaciones a congresos para que nos den días de formación, realizar ponencias, etcétera, etcétera… Todo esto en el ámbito laboral, pero en el social y en la vida privada también domina la hiperactividad: hay que ir al gimnasio, estar al día de todo tipo de tecnología digital, responder inmediatamente a mails y WhatsApp, acudir a compromisos y reuniones sociales poco apetecibles, etcétera, etcétera…

En resumen, con independencia de las ineludibles obligaciones laborables, vivimos inmersos en la cultura del producir y del hacer cosas, la mayor parte de ellas sin mucho sentido; tareas que realizamos por compromiso, por pura inercia o porque “no tengo más remedio”, cuando la realidad es que son poco o nada apetecibles. Como el lenguaje es muy sabio, y además somos médicos, haremos una enmienda al tópico: hay remedio.

Un remedio es una sustancia o acción que sirve para reparar un daño o una enfermedad. De hecho, su origen etimológico lo encontramos en la palabra latina remedium, que es un compuesto del prefijo re- (reiteración) y del verbo -mederi (curar, cuidar, meditar), del que ya hemos hablado en otro editorial, ya que es el origen del término médico. El diccionario de la Real Academia Española señala que un remedio se toma para reparar un daño o inconveniente, es un recurso, auxilio o refugio, o también aquello que sirve para producir un cambio favorable en las enfermedades. Pues… en vacaciones, ¡claro que hay remedio!

Estamos deseosos de que llegue el fin de semana, la tarde (la mañana para los que trabajan por la tarde), las vacaciones o el puente porque dejamos de trabajar. Pero también porque podemos aparcar gran parte de las obligaciones y compromisos sociales y privados con los que vivimos. Sin embargo, a pesar de que anhelamos tener tiempo para gestionarlo como nos dé la gana, cuando contamos con ese tiempo, muchas veces no somos capaces de hacerlo. No sabemos parar la rueda de producir y producir, y lo justificamos de muy diversas maneras: no puedo cortar bruscamente la actividad, son otros los que nos buscan compromisos y nos meten en líos poco apetecibles, no puedo decir que no… Y si nos faltan excusas, nos hacemos trampas al solitario: somos incapaces de dejar de hacer planes y de querer aprovechar el tiempo, de estar pendientes de mails y WhatsApp. Si frenamos la vorágine de actividad, pareciera que nuestra vida se detiene y se viene abajo. Nos inunda una inquietante ansiedad que sólo se calma si respondemos a tres mensajes y hacemos un par de actividades.

Con esta reflexión no pretendemos decir cómo tienen que gastar el tiempo libre los lectores, qué deben hacer o dejar de hacer. Hay tantas formas de pasar el tiempo como personas, y cada uno debe escoger cómo quiere pasar sus vacaciones. Sólo queremos dejar un sencillo mensaje: no pasa nada por no hacer nada; más aún, puede ser un remedio muy sano.

¿Qué queremos decir con no hacer nada? ¿estar tumbados a la bartola? En absoluto. Cuando hablamos de no hacer nada, nos referimos a aparcar la hiperactividad productiva, el hacer por hacer, los compromisos y actividades que realmente no nos gustan. Al no hacer nada (de lo señalado) podemos realizar otras actividades, por ejemplo, desayunar tranquilos, leer un libro, ir a la playa o tomar una paella con unos amigos. Finalmente, podemos acabar igualmente llenos de actividades, pero de actividades elegidas y no destinadas a sacar un provecho inmediato. Muchas veces, más que dormir 16 horas y estar las otras 8 en horizontal, lo que más descansa es cambiar de actividad. Aunque si alguien elige la actividad horizontal, esa es su decisión y debe disfrutarla.

Por tanto, se trataría de no hacer nada que no queramos hacer. Algún avisado lector pensará: ¿y si lo que quiero hacer en vacaciones es escribir un artículo y contestar mails y WhatsApp? No tendríamos nada que objetar. Sólo le pediríamos a nuestro astuto lector que haga un breve ejercicio: pensar unos minutos cómo quiere realmente pasar el tiempo libre del que dispone. Posiblemente muchos lectores quieran desprenderse de las mochilas con las que cargamos a diario, tantas cosas que ocupan nuestro tiempo y que terminan convirtiéndose en pesadas cargas. En vacaciones es el momento de intentarlo.
Para no hacer nada (…que realmente no apetezca) es importante tener la mente en el presente, en el momento que se vive. Esto, que es muy fácil de decir, no resulta tan sencillo de aprehender. Habría que empezar por vaciar la cabeza de la inmediatez que nos come a diario. El segundo ejercicio que proponemos consiste en intentar mirar el móvil cada vez menos, para que no interfiera con esoque realmente queremos hacer. Y lo mismo reza respecto al mail. No es que sea malo mirar el móvil, pero estar tan pendientes de los mails, las noticias y el WhatsApp nos aparta la mirada de lo que tenemos delante y anula la conversación con el de enfrente. En definitiva, no nos deja vivir el presente.

Después de los dos ejercicios propuestos (meditar un poco sobre lo que realmente queremos hacer con nuestro tiempo libre y, además, intentar vivirlo en directo, no a través del móvil), podemos encontrarnos con que queremos leer, escribir y pensar, o que nos apetece llamar a viejos amigos y pasar un rato con ellos. Que queremos estar más tiempo con la familia o que queremos ponernos en forma. Da igual lo que hagamos, pues ya decíamos que no pretendemos decir cómo se tiene que gastar el tiempo en vacaciones. Tan sólo queremos animar a que, realmente, hagamos un paréntesis entre tanta inmediatez e hiperactividad. ¡Ah! Y un último consejo: si conseguimos trasladar esto (con un poco basta) a nuestro día a día durante el resto del año, posiblemente no llegaremos tan exhaustos a las vacaciones.

Feliz descanso a todos y a aplicar lo leído…



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